En mi feérico mundo, con mis complejos e ilusos pensamientos , la necesidad constante de sentir esa emoción del enamoramiento puede que sea algo patológico y seguramente hay una explicación psicológica para ello. Lo cierto es, que siempre he buscado tener mi mente ilusionada, mantenerme emocionada con la idea de algo - lo acepto, es una manera bonita, poco realista, de afrontar la vida.El tema de los chicos merece un trato aparte, porque siempre tengo que tener a alguien o alguienes en mi mente; ha sido durante tiempo mi quitatiempo mental favorito. Ya se que dirán que es una forma bastante estúpida de desgastar cerebro, pero realmente mi cerebro y yo no nos llevamos bien, digamos que el primero siempre me tortura pensando en 1000 situaciones diferentes, así que con frecuencia prefiero acallarlo concentrandome en algo vanal en la mayoría de los casos. Y es de ahí principalmente que nace esta situación de enamoramiento convulsivo no sólo de personas (que mi mano alcanza para contarlas), sino de ideas, de planes, de proyectos y algunos etcéreras más. Es mi droga, la adrenalina de emocionarse, el cosquilleo de la espera y la satisfacción del éxito o la decepción del fracaso. Es algo altamente voluble, digamos que si algo deja de emocionarme casi inmediatamente, de manera consciente o inconsciente, trato de buscar otra cosa más con qué entretener mi goloso cerebro.
Ante esto debo decir también que jugar con mi psiquis es un deporte que practico por puro gusto, por una cuestión de autosuficiencia retorcida, de altísima y estúpida soberbia; aunque francamente cada uno de mis experimentos ha tenido resultados más que desagradablemente inesperados. Explicándome mejor lo diré así: me gusta moldear mis sentimientos y personalidad a voluntad con una serie de impuestos psicológicos, que van desde represiones hasta libertades autoimpuestas, que dan como resultado sentir o dejar de sentir o hacer o dejar de hacer algo. He tenido, pues, varios de estos cambios, he de aclarar que el proceso es largo y siempre doloroso; así es que pasé de ser cariñosa a insensible, de cerrada a totalmente abierta hasta un punto indiscreto, de ser dura a ser la mas emocional y llorona. Y lo único que me queda de todo esto es que no se como es que realmente quiero ser, de cualquier forma, creo que ya es tiempo de otra transformación.
Divagaciones aparte creo que la gran ilusión, la que me saca siempre de mis abismos emocionales pero que aún no acaba con mis demonios internos, es la esperanza que nace de mi fe. Amén por eso y espero que nunca se canse de andar recogiéndome.
No hay comentarios:
Publicar un comentario